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    Los heroes Veracruzanos
    El 9 de Abril de 1914, anclaba frente a las costas de Tampico el Acorazado “Dolphin” de la Flota de Guerra de los Estados Unidos, so pretexto de proteger a los intereses y ciudadanos norteamericanos en esta zona de la revuelta armada que existía en el país. Las malas decisiones del “borracho usurpador” Victoriano Huerta y su pésima relación con el Presidente americano Wilson aceleraron la decisión de ocupar el país. Venustiano Carranza, al frente del Ejercito Constitucionalista, no pudo hacer nada para frenarla. Pregunta a los norteamericanos claramente Don Isidro Fabela: “¿Qué pensaría el pueblo americano si los soldados de un país extranjero llegaran a ejercer en Nueva York, las funciones de policía durante una guerra civil?

    Justino Palomares, en su libro: “La Invasión Yanqui en 1914” consigna el testimonio del maquinista naval Juan Sánchez Terán, de aquel 21 de abril: unos minutos antes de la once treinta, y para terminar de comer, entró al comedor uno de los alumnos y un poco agitado nos dijo: están desembarcando los americanos… al momento nos paramos de la mesa y sin terminar de comer nos dirigimos al patio de la escuela y de ahí a la guardia”. En ese momento, y por esas extrañas cosas, indispensable en la aparición de páginas inolvidables, el Contralmirante Manuel Azueta, aparecía en la Escuela Naval, correspondiéndole a él la decisión de que dicha institución no fuera abandonada y se sumara a la defensa del Puerto de Veracruz. Los primeros norteamericanos descendieron del cañonero “Prairie”. Según consta en los anales de la historia, el primer mexicano en hacerles frente fue un humilde gendarme llamado Aureliano Monfort. ¡Honor y Gloria!

    Victoriano Huerta, el 21 de abril de 1914, dio una muestra más de su cobardía, Aureliano Blanquet, Secretario de Guerra de Huerta, por una instrucción directa de este, ordenó al comandante militar de la plaza, General Gustavo A. Mass, abandonar el puerto, retirarse por ferrocarril a la estación de Tejería con todos los implementos militares de que disponía. Dejaban solo al puerto. Algunos se rebelaron a la orden del usurpador. El Teniente Coronel del 19 Batallón, Albino Rodríguez Cerrillo, arengó a sus soldados con las siguientes palabras: “Todo aquel que se considere patriota y quieran defender a Veracruz contra el invasor coloso del norte, que me siga”.

    Ejemplos de bravura y amor por la madre patria por todos lados aparecieron. Maria Luisa Melo de Remes, en su libro “Veracruz Mártir”, consigna el testimonio de Aurora Montes: “También cayó con una bala en el vientre el carpintero Andrés Montes Cruz. Apenas enterado del desembarco salió de su casa a pelear por su suelo natal, dejando este recado a su hijo menor: –Hijo mío: si algún día vuelve a repetirse esto que está pasando ahora, defiende a tu patria como lo estoy haciendo yo. Tu padre, Andrés Montes–“. Aún faltaba que murieran los niños…

    El “pirulí” un delgado cadete de 16 años, defendía decididamente su Escuela, apoyado sobre una cómoda y usando como escudo contra las balas expansivas del enemigo un maltratado colchón. Virgilio Uribe, contaba solo con 16 años, cuando su cita con la historia se llevo a cabo. Una bala expansiva, una bala, impulsada por el odio y la ambición desmedida, destrozaba el cráneo de “pirulí”, golpeando el corazón mismo de México. Con el fusil en la mano, y la convicción que sólo un patriota puede tener, murió Virgilio Uribe. “Cuando el 24 de abril, el Comodoro Manuel Azueta llegó a la Ciudad de México, con los Cadetes que habían defendido el Puerto, en la estación de Buenavista se le acercó un anciano que le pregunto, ¿Qué recuerdo me trae de mi hijo? Azueta le señalo la guerrera que llevaba puesta: había quedado manchada de sangre cuando recogió del suelo al Cadete moribundo. El anciano besó aquella sangre mientras lloraba silenciosamente. Era el padre de Virgilio Uribe”. (Crónica Ilustrada de la Revolución Mexicana, Editada por Publex, 1966 a 1972).

    Durante lo más duro de la defensa, en las calles de la esquina de Landero y Cos, una ametralladora fue abandonado por jóvenes heridos y ahuyentados por el fuego enemigo. “En plena refriega, los cadetes que vigilaban la parte posterior del edifico vieron aparecer al Teniente de Artillería José Azueta, de 19 años, hijo del Contralmirante Manuel Azueta. El muchacho se acercó a la ametralladora abandonada detrás de un poste de luz eléctrica y dirigiéndose a sus compañeros que lo contemplaban desde una ventana, les grito señalando la escuela: –Ahí está mi padre, y aquí debo quedar yo. Y sin más, emplazó la pieza contra la aduana y empezó a hacer fuego… su padre, en vano trató de convencerlo que se retirara de un lugar tan peligroso, el muchacho siguió disparando…apenas había reanudado el tiroteo contra la aduana cuando una bala expansiva le dio en una pierna, sin hacer caso de la herida continuo haciendo fuego hasta que otro balazo le inutilizó la pierna sana. Mientras se arrastraba trabajosamente hacia una banqueta, una bala más le dio en un brazo. Sus compañeros salieron a recogerlo y en una ambulancia lo llevaron al Hospital de la Cruz Blanca Neutral, de donde fue trasladado a la casa de sus padres. Allí lo atendieron varios médicos veracruzanos. Cuando el Comodoro Fletcher se enteró del caso, envió a unos cirujanos de la flota para que atendieran a Azueta, pero el joven héroe, al ver a los médicos de sus enemigos, se cubrió el rostro con la sábana, exclamando: ¡De los invasores no quiero ni la vida! ¡Que se larguen esos perros, no quiero verlos!”. El domingo 10 de mayo de 1914 murió el Teniente José Azueta. (Crónica Ilustrada de la Revolución Mexicana, Editada por Publex, 1966 a 1972).

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    Antonio López de Santa Anna
    Uno de los personajes más importantes de la historia de nuestro país es Antonio López de Santa Anna. Tan fuerte ha sido su presencia que muchos historiadores han llamado *era santanista* a los años comprendidos entre 1833 y 1855, periodo en el cual Santa Anna fue once veces presidente de México. Sin embargo, hasta nuestros días, hablar de este veracruzano causa opiniones encontradas, pues no existe acuerdo respecto de su grandeza o de sus deméritos acreditados durante los largos años en que fuera *el hombre imprescindible en la vida de la nación*.

    Antonio de Padua Severino López de Santa Anna fue bautizado un 22 de febrero de 1794, un día despupes de su nacimiento en la villa de Xalapa. Algunos años más tarde, la familia López de Santa Anna tuvo que dirigirse hacia el puerto de Veracruz en busca de una mejor situación económica. A la edad de quince años, llegó para Antonio, el momento de decidir su futuro. El padre pretendió que fuese auxiliar en una tienda, pero el joven buscó el apoyo materno para hacer que su padre renunciara a esa idea, lo que logró, y, en cambió, ingresó, en 1810, al Real Regimiento de Infantería. El Joven López de Santa Anna combatió contra las fuerzas insurgentes, primero contra los seguidores de Hidalgo, luego los de Morelos y después contra los de otros jefes independentistas más. Recorrió tierras de Tamaulipas, Texas, Monterrey, Coahuila, San Luis Potosí, y llegó hasta la misma capital de la Nueva España.

    En marzo de 1821, en el puerto de Veracruz, se supo del acuerdo entre las tropas del rebelde Vicente Guerrero y las de Agustín Iturbide representante de las fuerzas españolas de proclamar la independencia mexicana y constituir el ejército de las Tres Garantías. El capitán López de Santa Anna se enteó de tal sucesó y escribió *...apareció el Plan de Iguala...me apresuré a secundarlo, por que deseaba contribuir con mi grano de arena a la grande obra de nuestra regenaración política*. Así, se volvió insurgente y en Córdoba se puso a las órdenes delgeneral Guadalupe Victoria. Las fuerzas trigarantes lo recibieron e Iturbide lo cobijó. Santa Anna formaba parte de la comitiva de asesores de los Tratados de la Independencia pero después fue olvidado por un tiempo hasta que, en mayo de 1822, recibió el nombramiento de Brigadier por parte de Agustín de Iturbide quien, quince días más adelante, fue proclamado emperador de México. Santa Anna desplazó a la ciudad capital del Nuevo Imperio y fue testigo de la coronación de Agustín I. Cinco meses después obtuvo el mando de las tropas de Veracruz, comenzó así un periodo de reconociemientos a la sagacidad del militar xalapeño que fueron engrandeciendo, realmente, su personalidad.

    Este creciente poder no fue del agrado del emperador, por lo que le retiró todo nombramiento. El Brigadier respondió *Golpe tan rudo lastimó mi pundonor militar y quitó la venda de mis ojos: vi al monarca en toda su fiereza y me sentí luego alentado para entrar en lucha contra él*. Ahora se rebelaba contra el Imperio. Orientado por su nueva concepción política se unió a las fuerzas de Guadalupe Victoria, una vez más, dado que ambos eran perseguidos por Iturbide. El punto de acuerdo que podía lograr tal conjunción era la propuesta de luchar porque México fuera gobernado por un presidente.

    El triunfo de tal grupo, en 1824, le permitió obtener el cargo de Comandante de Yucatán; unos meses después, en 1825, la vicegubernatura de su estado natal. Si durante esos años hubo gente que lo siguió por su valentía a la vez que otros lo criticaron por su oportunismo, a partir de 1829 las autoridades mexicanas y gran parte del pueblo lo llamaron *Libertador de México*, por haber derrotado a un grupo de españoles que quisieron volver a *conquistar* a los mexicanos. Santa Anna los venció en tierras del norte de Veracruzy sur de Tamaulipas gracias al apoyo militar de Manuel de Mier y Terán y de los pobladores de las huastecas. Así, le rindieron honores en distintas poblaciones, le ofrecieron hasta 1833 en que, por vez primera, fue electo presidente de México. Pero no todos estaban de acuerdo con él, y en Zacatecas se dio un levantamiento en su contra que personalmente sofocó. Tal triunfo le hizo más poderoso, tanto que se sintió con fuerzas suficientes como para frenar, en 1836, los intentos de los habitantes del estado mexicano de Texas de separarse del resto del país. Partió Santa Anna a combatirlos, pero en San Jacinto fue plenamente derrotado y capturado. Los Texanos ya jamás serían mexicanos y tal decisión fue respaldada por el gobierno de los Estados Unidos de América del Norte.

    Los acuerdos que Santa Anna firmo como prisionero de guerra, para salvar su vida y poder retornar a la capital mexicana, no fueron del agrado de muchos compatriotas; por ello, cuando regresó al puerto de Veracruz encontró una oposición creciendo hacia su persona, razón por la que decidió retirarse a su hacienda en Manga de Clavo en espera de cualquier otra oportunidad de aparecer como un hombre necesario a la patria. En realidad muy pronto le permitió hacerse presente cuando en 1838 tropas francesas ocuparon tierras veracruzanas. Santa Anna tomó las armas y organizó tropas y combatió al enemigo. En uno de los enfrentamientos fue herido, debiéndosele amputar la pierna izquierda. Si bien no obtuvo resultados satisfactorios trascendentes contra los extranjeros, los días de los triunfos fueron recordados y se le consideró un héroe, al mismo tiempo que el gobierno mexicano reconoció algunas de las exigencias de los franceses a quienes les ofreció seguridades de pago para que retornarán a su patria. Al término de las hostilidades, Santa Anna volvió a ser presidente de la República y fue conducido en litera hasta Palacio Nacional. Al ver su cuerpo mutilado, esta etapa en su vida política sería la de mayor esplendor.

    Para 1844, en octubre, contrajo nupcias por segunda ocasión, justo a los cuarenta días del fallecimiento de su primera esposa, lo que no fue bien visto por importantes grupos de diferentes estratos de la sociedad mexicana. El momento político le era adverso y facilitó el levantamiento de algunos militares que no le eran afectos. Sin mayores dificultades fue hecho prisionero, encarcelado y, en mayo de 1845, expulsado del país.

    Llamado por otros militares mexicanos que lo necesitaban, en 1846 Snata Anna regresó al suelo nacional y así, quien el año anterior fue condenado a destierro perpetuo, fue restituido en su título de *Benemérito de la Nación* y reconocido como General en Jefe de todas las fuerzas armadas. Su retorno coincidió con la guerra que, en 1847, Estados Unidos declaró a México sin razón alguna. Santa Anna se decidió a combatirlos cuando tierras veracruzanas ya habían sido ocupadas por los invasores. Pocos jefes militares lo apoyaron; peor la gente del pueblo le auxilió con más determinación; gobernadores de otros estados aguardaron a resistir de que los *gringos* decidieran incursionar por sus regiones.

    El ejército norteamericano eliminó todos los obstáculos. En las cercanías de la ciudad de México, específicamente e Chapultepec, unos muy jóvenes cadetes del Colegio Militar resistieron a los norteamericanos algunas horas, pero el poderio del ejército invasor era muy superior. El país perdió muchos de sus hijos y más de la mitad de su territorio. Inmediatamente, se buscó y encont6ró a un culpable: Antonio López de Santa Anna. Una vez más se le desocnoció. Pidió un salvoconducto para abandonar el país, logró salir y se estableció en la República de Colombia.

    Seis años pasó el general lejos de su tierra; pero, en 1853, por acuerdo de las Legislaturas de las Entidades Federativas de los Estados Unidos Mexicanos, Snata Anna fue nombrado presidente y aceptó la designación. El jefe de su gabinete fue Lucas Alamán y Secretario de guerra, José María Tornel, quienes en menos de tres meses de gobierno murieron y con ellos cualquier posibilidad de freno para Santa Anna. Fueron esos años los de mayor extravagancia del xalapeño. Decretó impuestos sobre ventanas, canales, asientos de coches, perros (exceptuando los de los ciegos); decretó colores y cortes en los uniformes de los empleados públicos; creó una policía secreta e incorporaba al ejército a todo aquel que no podía pagar para evitar ser enrolado. su ambición parecía no tene fin ni límites hasta que surgió un grupo de hombres que representaban intereses diferentes a los que él encabezaba. Así, en el estado de Guerrero, Juan Álvarez y los jóvenes que fueron conocidos como los liberales, se unieron y declararon su acuerdo de luchar contra el dictador. En 1855, Snata Anna fue desterrado y solamente pudo volver al país hasta 1874, dos años después de la muerte del presidente Juárez, para terminar sus días en la ciudad de México, en 1876. Mas con su muerte no terminaron las opiniones encontradas en torno a su figura y hasta el presente motivo de enfrentamientos entre quienes los atacan y quienes lo defienden, tal vez por que lo contradictorio de su persona representa una parte de que fue la vida del país en esa época.

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    El tajín: la piedra que venció al tiempo
    Tajín es una palabra de origen totonaca y significa “trueno”; no es posible afirmar que este fuera su nombre original ni tampoco que los ancestros de quienes viven actualmente en la región hubieran sido los constructores de la antigua ciudad prehispánica. Sin embargo, la permanencia de este grupo étnico en las ruinas durante siglos ha originado una relación sico-social y cultural con el sitio arqueológico que difícilmente puede negarse.

    La arquitectura de El Tajín se distingue por el hábil manejo de un elemento arquitectónico conocido como nicho que se encuentra dispuesto de muchas maneras en los edificios de la zona. Los nichos pueden ser de múltiples formas: cuadrados o rectangulares, pequeños o grandes y con o sin xicalcoliuhquis (atributo a Quetzalcóatl).

    La antigua ciudad de El Tajín se desarrolló a fines del Horizonte Clásico, y llegó a su apogeo en la transición al Posclásico, o sea entre 800 y 1150 d. C. El Tajín se sostenía económicamente con el tributo que los pueblos circunvecinos pagaron en productos y servicios

    La ciudad administraba las relaciones políticas y religiosas que en esa época no estaban separadas. Por ello, la figura política de 13 conejo era también la encarnación de Quetzalcóatl, dios principal de El Tajín, cuya representación figurativa y simbólica es repetitiva en la arquitectura, la pintura y escultura del siglo.

    Otros segmentos de la población, aparte de los de la clase dominante y campesina, fueron el de los artesanos y el de los que se dedicaron al comercio en áreas especiales de intercambio –como fueron los mercados– o transportando mercancías.

    La escultura y pintura se asocian a la arquitectura en diferentes tipos de edificios. De la escultura destacan los relieves procedentes de los juegos de Pelota Sur y Central, de los frisos de la pirámide de los Nichos y de las columnas del Templo de las Columnas. Algunos están todavía en su sitio, otros en el museo a la entrada de la zona arqueológica.

    En esos relieves se relatan episodios del ritual del juego de la pelota o acontecimientos históricos como en los del Templo de las Columnas. Las pinturas murales son escasas y muy fragmentadas, pero en ellas se aprecia una técnica depurada en la policromía y en el dibujo.

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    Pregoneros del recuerdo
    Organización musical que dentro el género tropical o Afroantillano nace el 13 de Diciembre del Año de 1955, por su fundador, director, clarinetista y arreglista Don Carlos Pitalua Rojas con motivo del 25th Aniversario de las radiodifusoras XEU y XEW del Puerto De Veracruz.

    Su estructura musical desde el principio a consistido en Guitarra, Bajo, Clave, Bongo, Maracas y Trompeta con sordina, para empatar armónicamente con el sonido del Clarinete, haciendo dúo con este no solo en su fondo armónico, sino también en lo melódico, dando así un sabor muy especial a las voces a dúo, agregando posteriormente otras percusiones consistentes en Conga y Timbal obteniendo como resultado un sabor mas caribeño a sus interpretaciones.

    En cuanto a su repertorio musical que es bastante amplio y en el que se tienen contemplados aproximadamente 700 arreglos, se incluyen temas originales con arreglos propios del grupo, sin apartarse de interpretar a grandes compositores que a dado Veracruz como lo son: Agustín Lara, Lorenzo Barcelata, Emilio Cantarell, Enrique Fentanes, Juan Araujo, Mario Ruiz Armengol, Efraín Pérez y Arturo Pitalua Alvare.

    Han tenido la oportunidad de actuar en escenarios importantes y encuentros culturales en varias ciudades de la república mexicana, contando también con presentaciones en ciudades del extranjero como Houston y San Antonio en los Estados Unidos, asi como la Habana, Cien Fuegos y Santa Isabel de las lajas en la Isla de Cuba.

    Se han presentado en radio, televisión, salas de arte, bares, museos, carnavales, e instituciones culturales a nivel nacional e internacional, habiendo tomado participación en importantes festivales como el internacional cervantino llevado a cabo en la ciudad de Guanajuato, Festival Internacional del caribe en Quintana Roo, festival afrocaribeño en Veracruz, y varios más.

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    Leyenda de la llorona
    Las versiones del origen de esta mujer son muy variadas, desde antes de la llegada de los españoles se comentaba que era la diosa Cihuacóatl quien aparecía elegantemente vestida y en las noches gritaba y bramaba en el aire, su atuendo era blanco y el cabello lo tenía dispuesto de forma tal que, aparentaba tener cuernos en la frente. Otros aseguraban que era Doña Marina, o sea la Malinche quien, arrepentida de traicionar a los de su raza regresaba a penar.

    Con la conquista estas versiones sufrieron ciertas modificaciones alegándose que era una joven enamorada que había muerto un día antes de casarse y traía al novio la corona de rosas que nunca llegó a ceñirse; otras veces era la viuda que venía a llorarle a sus hijos huérfanos, o la esposa muerta en ausencia del marido a quien venía a darle el beso de despedida; o la desafortunada mujer vilmente asesinada por el celoso marido apareciéndose para lamentar su triste fin y confesar su inocencia.

    Sea cual fuere su origen se dice que en tiempos de la colonia, a mediados del siglo XVI los habitantes de la Ciudad de México se retiraban a sus casas sonando el toque de queda dado por las campanas de la primera catedral, a media noche y principalmente cuando había luna llena despertaban espantados al oír en la calle unos tristes y lánguidos gemidos lanzados al viento por una mujer.

    Las primeras noches, los vecinos sólo se santiguaban argumentando que los lamentos eran de una ánima del otro mundo, pero la situación fue tan insistente que la gente más despreocupada o atrevida salía a cerciorarse que era aquello, primero lo hicieron desde las puertas o ventanas, después algunos se animaron a salir y lograron ver a quien lanzaba tan lastimeros gemidos.

    La mujer que vestía una ropa blanquísima y se cubría el rostro con un velo, avanzaba con lentos pasos recorriendo las calles de la ciudad sin faltar una sóla a la plaza mayor donde, viendo hacia el oriente e hincada daba el último y languidísimo lamento, una vez puesta en pie, continuaba con paso lento y pausado hasta llegar a la orilla del lago donde desaparecía.

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