| La danza de los voladores de papantla |
La región del totonacapan, que en su momento de mayor esplendor se ubicó entre los rios cazones y papaloapan (o de las mariposas), no podría entenderse sin mencionar cuatro de sus perfiles que le dan fisonomía: la pirámide del Tajín, la cerámica conocida como "caritas sonrientes", la aromática vainilla, y la danza de los voladores.
Hasta hace 4 ó 5 decadas, era indispensable buscar en el monte el palo volador o árbol de la fecundidad (Tzakatkihui), que es una madera fuerte y resistente propia de esta región; una vez localizado, el tronco era despojado de sus ramas y derribado a hachazos; se cargaba en hombros y después se acostumbró cargarlo sobre rodillos de madera, no permitiendo que ninguna mujer se le acercara ni lo tocara, y nadie brincara sobre él.
Los integrantes de la cuadrilla debían guardar abstinencia sexual y etílica los 7 dias anteriores a la danza como condición purificadora del cuerpo para celebrar el rito cósmico.
Del mismo modo, se ofrendaba tabaco, aguardiente, gallinas o pollitos vivos antes de sembrar el palo, "para que los dioses no desprendieran el mortero llevándose a los voladores hasta perderlos entre los cielos", según cuenta la leyenda que ha esparcido la fantasía de los ancianos, quienes parece que todo lo han visto.
Los totonacas de la antiguedad debieron celebrar con este rito ligado a los fenómenos climáticos y por ende a la agricultura, los acontecimientos y fechas más significativas de sus anates, como el equinoccio de primavera, la ceremonia del fuego nuevo o nuevo sol, el entronizamiento de un nuevo gobernante, etc.
Son varios los historiadores que coinciden en que los voladores era una ceremonia de plegaria al sol; por ello buscaban el árbol más enhiesto (Zuelania guidonia), para que la alegoría de su danza fuera grata a los cielos, para que escucharan la oración y el ruego de su música plañidera producida por la flauta de carrizo y el tamborcito, para que conmovidos derramaran sus dones sobre la faz de la tierra en forma de aire, calor y lluvia, para producír la fertilidad de siembras y montes.
Durante la danza se observa que las reverencias del músico-danzante sobre el tecomate, ya sentado en la primera ronda o ya parado en la segunda, se orientan hacia los 4 puntos cardinales, empezando por el oriente, por donde amanece el mundo y la luz, girando siempre a la izquierda; el vuelo de descenso de los 4 voladores describe 13 círculos correspondientes a igual número de años que multiplicados por 4 periodos representados por los voladores nos dan 52, número que componía un siglo prehispánico, al final del cual se apagaban todas las hogueras, se oscurecía la tierra y en imponente ceremonia llena de temor y misticísmo, el sacerdote, en el templo principal rompía la noche cuando encendía el fuego nuevo, asi sabían que los dioses les habían permitido morar sobre la tierra otro siglo.
Los voladores (en totonaco "kosne" significa, "el que vuela"), identifican plenamente, con galanura y suntuosidad, a la región del totonacapan, y por su enorme riqueza folklórica, son heraldos de nuestro país en el concierto universal.Etiquetas: Danzas |
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| 3 Comentarios: |
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Buen día. Soy una persona de Papantla.
Mi comentario es que actualmente las danzas tienen un profundo sentido religioso-catolico y que forman parte de nuestra liturgia en las misas, como una ofrenda.
Muy bien el blog!!
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Sinceramente agradezco la información en torno a las Danzas, mismas que compararé con mis notas de campo. Reitero mi agradecimiento buenas noches Laura Olivia
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bueno ami me sirvio mucho la informacion
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Buen día.
Soy una persona de Papantla.
Mi comentario es que actualmente las danzas tienen un profundo sentido religioso-catolico y que forman parte de nuestra liturgia en las misas, como una ofrenda.
Muy bien el blog!!