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    Danza de Huahuas
    Se dice, aunque es poco probable, que esta danza es de origen antillano, es factible que haya llegado a las costas de la huasteca, de ahí se propagó al totonacapan, penetró en la sierra poblana, subió al altiplano y se extendió hasta centroamérica.

    Guagua o Huahua es una palabra que no tiene traducción en totonaco ni en náhuatl, por lo que puede ser apócope de Gua-camaya,
    pajaro común en la región, con plumaje rojo, azul, amarillo, verde y larga cola; la danza, es sin duda, un rito ligado a la agricultura, con connotaciones solares y cosmogónicas.

    La danza de los huahuas aparece en conjunción con la de los voladores, sugiriendo una asociación nada fortuita con el culto de la fertilidad dedicado al dios Xipe Totec, señor de la vegetación que renace cada primavera.

    El traje de los huahuas es similar al de los voladores, y esta es otra razón para considerarlas como dos segmentos del mismo rito propiciatorio dedicado al sol, es decír, a las deidades que rigen los fenómenos naturales asociados a la fertilidad de la tierra, a la cosecha de alimentos, a las formas elementales de subsistencia del hombre.

    El pantalón de terciopelo rojo lleva adornos horizontales a la altura de la pantorrilla confeccionados en tira bordada, espiguilla metálica dorada o plateada, y en la orilla lleva galón amarillo; se usa encima el pantalón blanco de uso diario, lo cual es visible.

    El penacho o taknó, hermoso abanico multicolor es de 60 a 70 centimetros de diámetro, tiene una base cónica de armazón de carrizo forrado de satín rojo, al que se le coloca un circulo de varillas de tarro delgado en el que se entretejen tiras muy angostas de papel metálico de diferentes colores, formando vistosos diseños y a últimas fechas letras o palabras. Se sujeta a la barba mediante un pañuelo color rojo.

    La orilla del círculo del penacho, una vez tejido este, se decora con plumas blancas de ganso para que semeje un resplandor, y se coloca en la cabeza del danzante dando el filo a la frente, por lo que el diseño solo puede apreciarse viendolo de costado. Se afirma también, que el penacho simboliza el arcoiris.

    Los medios circulos del traje de los voladores que usan en el penacho y en la espalda, así como los dos mandiles, son de color rojo, mientras que los huahuas los usan en color amarillo y verde. El color rojo que predomina en el vestuario de los huahuas y voladores alude al rito de la fertilidad de la tierra, a la sangre producida en el ceremonial de los sacrifios humanos; culto, por demás, practicado en todas las antiguas religiones del mundo, ya que es una creencia universal que la sangre ofrendada sirve para regular las fuerzas de la naturaleza, y para abonar los surcos montes y selvas.

    Calzan botines de cuero color café o negro, lo que denota influencia española, de esta manera el espectador puede apreciar mejor el zapateado sobre la tarima, ejecutado antes de subír a la cruceta.

    La parte más vistosa de la danza, es cuando los oficiantes suben al molinete que gira sobre un eje vertical asentado en unas "tijeras" de madera o troncos, a manera de horqueta a cada lado, a una altura del suelo que permita a los danzantes montar las aspas y hacerlas girar con los penachos puestos. Cada brazo de madera de la cruceta tiene en el extremo superior, atravezada, una manija donde se sostiene el danzante, quedando los pies en el extremo del eje.

    La asombrosa velocidad del movimiento giratorio del molinete describe el signo de "Nahui ollin" (movimiento y vida) y se asocia al movimiento de los astros, al sol como deidad central, fundamento de la creación y generador de vida.

    En la primera parte, los 4 danzantes ejecutan un zapateado agitando una sonaja (cuyo sonido alude a la lluvia) que llevan en la mano derecha, enmarcada por música de flauta de carrizo y tamborcito que ejecuta un musico que no es oficiante.

    El movimiento producido por el molinete durante el vuelo, es un mecanismo prehispánico exclusivo de las dos danzas hermanas: voladores y huahuas: Los primeros giran como la rotación de la tierra, en forma horizontal, señalando en su vuelo los cuatro puntos cardinales que abarcan todo el universo, la morada de los dioses; los segundos, de arriba hacia abajo, del cielo a la tierra, en sentido vertical, así como se desprende la lluvia bienhechora de las nubes.

    Se baila un zapateado en el primer tiempo, sobre una tarima o a ras de suelo, acto seguido los danzantes suben al molinete, el cual hacen girar con el peso e impulso de sus cuerpos conforme se van colocando en lo alto, cada uno en un brazo de la cruceta o aspa, progresivamente.

    Es entonces cuando se inicia el rudo jornal del hombre del campo.

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